La Asamblea General de la ONU suele asociarse con temas como la paz, la seguridad, la migración o el cambio climático. Sin embargo, detrás de los discursos también se desarrollan conversaciones que tienen un impacto directo en la economía de millones de personas. Una de ellas es la revisión del T-MEC.
A simple vista podría parecer un asunto exclusivamente comercial. No lo es. La discusión sobre el futuro del acuerdo ocurre en un momento en que el mundo experimenta una creciente fragmentación económica y política. Mientras algunas regiones enfrentan conflictos, tensiones geopolíticas e incertidumbre sobre sus cadenas de suministro, América del Norte tiene la oportunidad de fortalecer uno de los espacios de integración económica más exitosos de las últimas décadas.
Para México, el T-MEC representa mucho más que un tratado comercial. Se ha convertido en una plataforma para atraer inversión, impulsar exportaciones y consolidar al país como un actor estratégico dentro de las cadenas de producción regionales. Buena parte del crecimiento manufacturero observado en los últimos años está relacionado con esa integración.
Por eso resulta relevante que las conversaciones sobre el acuerdo coincidan con un foro donde la cooperación internacional ocupa un lugar central. Al final, el T-MEC es también una herramienta de cooperación. No elimina las diferencias entre los países ni evita los desacuerdos, pero establece reglas para administrarlos sin poner en riesgo la estabilidad de la región.
Es cierto que Estados Unidos, Canadá y México llegan a la revisión con intereses distintos. Eso es normal. Toda negociación implica defender prioridades nacionales. Sin embargo, también existe una realidad difícil de ignorar: las tres economías dependen cada vez más unas de otras.
La discusión de fondo no es únicamente comercial. La pregunta es si América del Norte aprovechará la integración construida durante décadas o si permitirá que las diferencias debiliten una de sus principales ventajas competitivas.
En una semana en la que la ONU vuelve a recordar la importancia de la cooperación, el T-MEC ofrece una lección sencilla: los socios pueden tener desacuerdos, pero eso no disminuye el valor de trabajar juntos. En muchos casos, lo hace todavía más necesario.