Durante décadas, Jalisco construyó una posición relevante en la industria electrónica atrayendo empresas globales, talento e ingeniería. El siguiente paso parece menos espectacular, pero puede ser más importante: convertir ese conocimiento acumulado en empresas locales capaces de vender tecnología propia.
A principios de octubre arrancó la primera generación de Circuito 14, una iniciativa impulsada por la Secretaría de Desarrollo Económico de Jalisco. La convocatoria recibió 61 proyectos, preseleccionó 25 y finalmente incorporó 17. Las propuestas abarcan hardware, diseño de circuitos integrados, software especializado, inteligencia artificial, automatización, encapsulado y pruebas de microchips.
El detalle más interesante no es el número de participantes. Es el objetivo. El programa busca desarrollar productos, servicios especializados, herramientas y propiedad intelectual para atender a la industria de semiconductores instalada en Jalisco y en México. Los participantes recibirán formación, mentoría, acceso a licencias especializadas y vinculación con empresas globales.
Esto toca una discusión que México ha tenido durante años. Atraer inversión extranjera genera actividad, empleo y capacidades, pero la verdadera prueba de madurez de un ecosistema productivo aparece cuando alrededor de esas compañías nacen proveedores, tecnología y propiedad intelectual locales.
Jalisco ya tiene una industria tecnológica relevante. La pregunta estratégica es cuánto valor puede capturar localmente de esa presencia. Diseñar un componente, desarrollar software especializado o conseguir que una empresa jalisciense entre en la cadena de suministro puede tener un efecto distinto al de limitarse a recibir la siguiente inversión internacional.
Circuito 14 todavía es un programa incipiente y sus resultados están por demostrarse. Diecisiete proyectos no transforman por sí solos una industria. Pero el enfoque apunta en una dirección interesante: pasar de preguntarnos qué empresas podemos atraer a preguntarnos qué empresas podemos crear.
Quizá ahí esté la siguiente etapa de la estrategia industrial de Jalisco: no solamente fabricar para el mundo, sino conseguir que una parte creciente de la tecnología que el mundo compra también nazca aquí.